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¿Dónde estaba el 11-S, el día en que cambió el mundo?
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GLORIA RODRÍGUEZ-PINA
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Las torres del World Trade Center, antes de su derrumbe. / CHAO SOI CHEONG
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Queridos lectores, queridas lectoras:
¿Recuerdan dónde estaban el 11 de septiembre de 2001? ¿Recuerdan la estupefacción, el miedo, la incertidumbre al ver esas imágenes que parecían irreales? Yo confieso que había quedado con mi querida amiga Amparo y comimos y paseamos felizmente por Madrid ajenas al derrumbe en directo del World Trade Center y del mundo que habíamos conocido. "¡Es la III Guerra Mundial!", nos soltó apocalíptica una de las amigas con las que nos juntamos horas después. Y ya no nos despegamos más de las tele. Atónitas, como todo el planeta.
Luis Doncel, corresponsal en Nueva York que ha cubierto el 25º aniversario, se acuerda de que estaba en casa de su madre en A Coruña, viéndolo en el telediario con Ana Blanco. "Recuerdo quedarme clavado durante horas frente a la televisión. Esa casa tiene un gran ventanal que da a la playa. Y recuerdo mirar hacia esa ventana con miedo, como si alguien pudiera atacarnos también desde ahí. Racionalmente no tenía sentido, pero la sensación de incertidumbre ante lo que estaba pasando era total".
Doncel pensó en que toda una generación no puede responder a la pregunta de dónde estaban el 11-S sencillamente porque no habían nacido (100 millones, en EE UU) o eran demasiados pequeños. Y decidió salir a preguntar a los jóvenes qué sabían de aquello que supuso un antes y un después no solo en su país, sino en el mundo.
"Me llamó la atención que en general todos tenían la idea de que había algo muy trágico que había marcado mucho, pero no sabían demasiado. Solo hubo uno que me supo decir el nombre de Al Qaeda y de Osama bin Laden. Todos los demás decían generalidades, pero tampoco tenían muy claro qué había pasado".
Las respuestas de estos jóvenes quedaron plasmadas en uno de los reportajes que publicó por el 25º aniversario. Aquí lo tienen, junto a otros:
Del día de la conmemoración en Nueva York —la primera para nuestro corresponsal, que se mudó en mayo—, destaca "la dignidad de las familias" y que a pesar de que han pasado 25 años, "se les veía muy rotos". En un audio de WhatsApp, destaca también "la seriedad de todos los que fueron". "Estaban todos los expresidentes vivos y todos escuchaban respetuosos la declaración, los nombres de las víctimas que se iban leyendo. Ninguno habló". El presidente Donald Trump prefirió, por primera vez en este cuarto de siglo, ausentarse. "Se quedó en Washington y habló", cuenta Doncel.
Quien sí estaba, pese a que hubo una petición para que no fuese, es el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, el primer musulmán en el cargo. Doncel le ha entrevistado (con independencia del 11-S), junto con Paola Nagovich, y estas fueron sus impresiones personales sobre él:
"Es verdad que es cercano, pero tiene un discurso muy medido, es muy consciente de por dónde quiere ir, por dónde puede canalizar el discurso, y era bastante difícil sacarlo de ahí. Evita mencionar a Trump. Criticaba su política migratoria, por ejemplo, pero intentaba huir de que se defina su discurso por la oposición a Trump. Quería que se le definiera por sus propuestas de mejorar la vida de la gente, de que el socialismo que él defiende no es una cosa ideológica, programática, sino mucho más de pensar en que la gente pueda pagar los bienes básicos, que cojan un autobús que llegue a tiempo, que los padres tengan una guardería para los hijos, y que no se les expulse de la ciudad".
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La portada de la edición especial del 11 de septiembre de 2001, y la del día siquiente. / EL PAÍS
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Portadas históricas
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En la imagen de la izquierda sobre estas líneas, tienen la edición especial que sacó el periódico apenas unas horas después de los atentados. Si se fijan, se habla de tres aviones, porque todavía no había llegado la información sobre el cuarto, que se estrelló en un campo de Shanksville, Pensilvania. La de la derecha es la portada del periódico del día después, con 25 páginas dedicadas al atentado.
El mítico periodista Enric González empezaba así la crónica que abrió el periódico:
"Estados Unidos es hoy un país dolorido, cerrado al exterior, absorto en un largo recuento de cadáveres. La batalla inicial de la primera gran guerra del siglo XXI, una guerra de terror contra un enemigo inconcreto, se ha librado sobre sus dos ciudades más representativas. Las Torres Gemelas del World Trade Center, cuyos 110 pisos se alzaban sobre Nueva York, ya no existen; son una montaña de escombros sobre una cantidad desconocida de cuerpos. Medio palmo de ceniza y polvo recubre las calles de Manhattan. Y el Pentágono, el epicentro del sistema defensivo estadounidense, ha perdido todo su costado occidental. Un presunto ataque terrorista, múltiple y masivo, con un nivel de organización y capacidad destructiva nunca vistos hasta ahora, ha sumido a la primera potencia mundial en su momento más triste".
La pueden leer completa aquí:
El hoy redactor jefe de Internacional, Guillermo Altares, estaba de vacaciones aquel histórico día de septiembre de hace 25 años. Por supuesto, las suspendió y se plantó en el periódico. Fue una jornada intensa en la redacción de Miguel Yuste, en la que toda una maquinaria bien engrasada, funciona a ritmo acelerado. Como él dice, "fue bastante, bastante impresionante".
"Era una época en que todavía las ediciones especiales eran muy importantes. Podían llegar al quiosco como los periódicos vespertinos, y entonces toda la redacción se puso a hacer una edición especial de bastantes páginas", recuerda Altares. Estamos hablando de la era de la prensa sin apps, ni alertas, ni directos en web, ni redes sociales actualizándose al segundo. EL PAÍS tenía ya una edición digital (nacida el 4 de mayo de 1996), "pero internet entonces no tenía ni de lejos la importancia que tiene ahora".
El relato de aquel día es una ventana a una forma de hacer periodismo que puede sonar vintage, pero que en el fondo, es el trabajo de siempre con distinto formato:
"El objetivo del periódico era sacar una edición en papel con el famoso 'América, atacada', que provocó un cierto debate, porque en teoría el libro de estilo no permite decir América para referirse a Estados Unidos, pero era una forma de cuadrar el titular. Es una portada impresionante que sigue siendo una de las portadas históricas de EL PAÍS. Era un momento en el que no estamos pendientes de las pantallas, de los de los móviles, naturalmente, porque todavía no se había inventado el iPhone, pero sí de la televisión. Siempre recordaré la histórica retransmisión de Ricardo Ortega, que estuvo horas y horas de directo en Antena 3 contando lo que estaba ocurriendo, aparte de la CNN y las grandes cadenas. Digamos que aquella tarde fue otro mundo periodístico. Pero en el fondo muy parecido a nuestro mundo periodístico actual. La idea era llegar a los lectores y que pudiesen estar informados en un momento de caos, de miedo; realmente, con la sensación de que el mundo había cambiado. Ver en directo el derrumbe de las torres es de esos momentos en el que te das cuenta de que en unos segundos el mundo ha cambiado".
Si les interesa bucear en la hemeroteca de aquel día, pueden echar un ojo aquí:
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El entonces presidente de Estados Unidos, George W. Bush, en el momento en el que le avisan del impacto en las Torres gemelas en Nueva York. / WIN MCNAMEE (REUTERS)
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Un mundo nuevo
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Rafa de Miguel, hoy corresponsal de EL PAÍS en Londres, trabajaba entonces en Estados Unidos con CNN+. De aquella jornada maratoniana de más de 24 horas seguidas de trabajo, recuerda especialmente a la joven profesora de la guardería de sus hijos, que tenían cuatro y dos años. Se quedó sola con ellos en el centro educativo hasta que su entonces mujer, Almudena, les pudo ir a recoger. "Todos los demás niños, padres y profesores habían desaparecido en estampida", dice De Miguel.
Un cuarto de siglo después, así resume nuestro compañero lo que vió y vivió aquel septiembre:
"Fue un país absolutamente sumido en el miedo, como no había conocido en toda su historia. La gente estaba aterrada. No sabía por dónde iba a venir el siguiente golpe. Todo el mundo se encerró en sus casas y durante muchas semanas hubo un pánico colectivo que además se exacerbó luego también con la famosa amenaza de los sobres con ántrax y las presuntas amenazas terroristas que surgían a cada momento".
El golpe inmenso, el trauma, dio lugar a un mundo nuevo, en el que se empezaron a sacrificar derechos en nombre de la seguridad:
"¿Qué queda de todo eso? Se incrementaron de un modo drástico todos los controles de seguridad en aeropuertos y sitios públicos. Y a partir de ahí, hemos aprendido a convivir con unas medidas de seguridad que entonces eran realmente drásticas y que hoy nos parecen lo más normal del mundo. Ese país descubrió que era más vulnerable. Era la época del Gobierno conservador de George W. Bush y empezaron a hacer cosas que ahora han normalizado, como los tratos inhumanos y crueles a determinados enemigos de guerra, dicen ellos. La aparición de cárceles como la de Guantánamo, las prácticas de tortura que se dan por habituales sin cuestionar su legalidad. Yo creo que eso ha provocado un declive en la seguridad jurídica de Estados Unidos, que todavía hoy mantiene y que incluso se agrava".
También siguieron la guerra contra el terrorismo en Afganistán, luego Irak, la vigilancia masiva de las telecomunicaciones, la islamofobia, y un largo etcétera.
Iker Seisdedos, jefe de la delegación en Estados Unidos, publicó la semana pasada un reportaje que da una visión excelente de cómo vivieron las élites políticas estadounidense el atentado. Les dejo ese y otros artículos para cerrar este tema:
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La líder socialdemócrata, Magdalena Andersson, el domingo por la noche en Estocolmo. / Denis Balibouse (REUTERS)
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