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“Quienes están construyendo la IA creen sinceramente que podría matarnos a todos antes de que acabe la década”. Con esta frase, publicada la semana pasada en la red social X, Jacob Coxon, un joven investigador de Anthropic, explicaba por qué abandonaba la compañía y abría un intenso debate sobre los fallos de seguridad o los usos militares de una tecnología que a las compañías les cuesta cada vez más controlar. Y, sin embargo, la inteligencia artificial también podría salvar millones de vidas.
Esta es la idea que defiende el informe Goalkeepers, que la Fundación Gates ha publicado esta semana y en el que recuerda que las decisiones que se tomen “en los próximos 12 a 18 meses” determinarán si la IA “beneficia principalmente a quienes ya tienen más o si llega a quienes tienen menos”. No se trata de ignorar los riesgos: el propio Bill Gates, presidente de la fundación y fundador de Microsoft, ha advertido en varias ocasiones sobre amenazas como los ciberataques, la pérdida de empleos o el uso malicioso de esta tecnología. La cuestión es que, junto a estos peligros, también existe un enorme potencial.
Hay muchos ejemplos de por qué esta tecnología, bien empleada, podría ayudar a millones de personas. El informe cuenta el caso de la agricultora india Annapurna Devi, que logró salvar su cosecha tras fotografiar con su móvil una hoja de plátano enferma y recibir un diagnóstico en su idioma junto a recomendaciones para combatir la plaga. Solicitó, además, a través de la misma herramienta, un dron para pulverizar sus plantas con el pesticida que le recomendó la IA y recibió el envío en su campo en un plazo de 48 horas.
Este ejemplo no es menor. En los países con menos recursos, perder una cosecha puede suponer que una familia entera se quede sin fondos y alimentos para el año siguiente.
Lo mismo sucede con la educación o la sanidad. Hay aplicaciones, por ejemplo, que ayudan a identificar qué alumnos necesitan más ayuda para poder ofrecer una atención más personalizada. Momodu Orgber Bah, profesor de Matemáticas en Sierra Leona, cuenta que desde que utiliza el programa piloto de IA Guided Learning el 100% de sus alumnos aprueban la asignatura, cuando antes lo hacían entre el 55% y 60%.
Otras herramientas detectan patrones que podrían indicar enfermedades graves. Reflexionen por ejemplo en este dato: en África subsahariana, un médico atiende de media a unas 2.000 personas, frente a menos de 200 en los países de renta alta. Cerrar esa brecha requeriría la formación y contratación de dos millones de médicos. Pero los pacientes no pueden esperar.
Por eso, tras una semana escuchando advertencias sobre los peligros de la IA, este informe me hizo pensar que, además de debatir cómo limitar sus riesgos, también merece la pena prestar atención a las oportunidades que ofrece para reducir desigualdades.
Esta semana también hemos puesto el foco en las remesas y en cómo han cambiado durante la última década. El Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) acaba de actualizar su gran radiografía sobre el dinero que los migrantes envían a sus familias y los cambios son llamativos: la mitad de las transferencias ya se realiza de forma digital, cuando hace 10 años el efectivo dominaba claramente, y América Latina ha desplazado a Asia como la región donde más crecen estos flujos. Una transformación silenciosa que está cambiando la forma en que millones de familias reciben apoyo desde la distancia.
Muchas gracias por leernos y hasta la semana que viene.
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